Escribo esto desde mi sofá de Ikea, modelo Ektorp (sofá-cama para cuando vienen los amigos, eso que no falte) cubierto con una manta de hilo y seda amarillo con borlones. Es una preciosidad que encontré en el trastero de casa de mis padres, y que me apresuré a "robar", ya que eso de ser la pequeña hace que te quedes sin nada de las cosas que pululan por casa... pero me perdonáis ese pecadillo, ¿verdad?
Anoche volví de Madrid. Me fui hace 18 días, con la excusa de volver a ver a uno de mis mejores amigos, un amigo que vivió conmigo en París, y que ahora es famoso... Le ví, estuvimos juntos un día y medio recorriendo Madrid, bailando, hablando en francés de lo que ha sido nuestra vida es estos últimos ocho años en los que no nos hemos visto en persona... Fue genial, y yo, por supuesto, lloré cuando le dejé despues de abrazarle mucho en su hotel cerca de Plaza de España y le dije
À bientôt mon coeur Hakim es de esas personas buenas a las que una quisiera abrazar siempre y resguardarlas entre su pecho de todo lo feo del mundo de ahí afuera.
Luego, la vida me fue sorprendiendo, Madrid más, y mis amigos y amigas también. En estas dos últimas semanas todo ha sido perfecto. El chico por el que sufría porque no quiere ya ni ser mi amigo, está olvidado. Me bastó un beso de S, el niño más divertido que te puedas imaginar, y la primera noche-madrugada-amanecer que pasamos en su ático, para borrarle de un plumazo... Resulta que es cierto que un clavo saca otro clavo, aunque yo no lo creyera hasta hace unos días.
Y ahora, mientras miro las fotos que hemos hecho, no puedo dejar de sonreír... ¿por qué en Madrid me cambia siempre la cara? ¿Por qué la gente me dice que refleja luz? Sólo puedo rezar porque llegue ya el momento de poder trasladarme allí, de poder por fin vivir la que considero mi ciudad, la ciudad de tanta gente que no ha nacido allí pero que se siente arropada por sus brazos... Hay tantas historias en la Gran Vía, en La Latina, en Malasaña, en Debod, en tantos bares de Madrid... Hay tantos reencuentros con personas importantes de mi vida, con mis amigos-hermanos y con aquellos con los que compartí mi corazón y mis noches sin dormir que... Madrid me ata.
Lo mejor de todo es que, cuando vuelvo de allí, sólo puedo sonreír. Y dar gracias por haber vivido lo que he vivido estos días y estas noches.
No dormir en diecisiete días ha sido un regalo inesperado y maravilloso. Y no dormir teniéndote al lado, ha sido aún mejor...